Diario de una Rookie Vet

Diario de una Rookie Vet
El verano de 2012 "Diario de una Rookie Vet" actualizó día a día desde Kathmandú, Nepal... Ahora, 9 estudiantes de Veterinaria viven su propia aventura en Ichangunarayan trabajando como veterinarios voluntarios! ¡No te lo pierdas! (clicka la imagen para formar parte de esta pequeña aventura...)

lunes, 23 de abril de 2012

La doctora Muerte

El primer día que entré en la sala de Anatomía y vi a aquel galgo atigrado encima de la mesa de disección tan rígido, tan frío, con los ojos abiertos y vidriosos pensé que nunca podría disecionar un animal. Todos pensamos que oleríamos el resto de nuestras vidas como aquella sala y aquellos cadáveres, una mezcla entre formol y carne pasada...
Terminó siendo un juego. Un puzle de músculos, huesos, fascia y órganos verduzcos que teníamos que deshacer antes de la hora de comer. Ya nos daban igual sus nombres y si alguna vez tuvieron una casa en la que se les tenía aprecio.

Durante mi primera cirugía pensé mil veces como c*ñ* ibamos a cerrar eso para que todo volviese a su sitio y el gato siguiense "funcionando". Para mi era hipnótico el pulso de las arterias, como separábamos los músculos, perforábamos con un taladro y atornillábamos placas metálicas al hueso y el animal estaba despierto y corriendo hacia sus dueños 5horas más tarde... Magia!

No es que haya dejado de impresionarme, pero lo doy por normal. Tan normal como desengranar un cuerpo hasta la última de sus piezas en una necropsia. Descomponer lo que era un perro en una mesa llena de órganos colocados por sistemas y un residuo de pelo y sangre. En la historia clínica que leemos antes de la necropsia viene el nombre, pero como si no... Ese ya no es "X", el perro de "nosequién". Es otro de esos puzles fríos y rígidos por desarmar.

Es parte de todo esto, es nuestro trabajo y no hace falta hacer un alegato a favor de la disección como herramienta de diagnóstico y aprendizaje (bla bla bla). Simplemente hoy es uno de esos días en los que piensas en el tipo de monstruo que puedes llegar a parecer a los demás cuando lo cuentas. Da igual en lo que creas, si para tí el cuerpo solo es material cuando muere; si piensas en que algo sigue ahí mientras esperas volver al polvo; si simplemente no lo has planteado. A veces, nos veo desde fuera, me veo desde fuera y eso me hace darme cuenta de que no quiero que deje de afectarme cada contacto con la muerte. Quizás porque sea algo que no entiendo y que nadie ha sabido explicarme hasta ahora, por mucho que puedan descifrarme la muerte como un proceso fisiológico, paso a paso.

No me da vergüenza decir que hoy, posiblemente, me cueste dormirme pensando en que he tenido las manos dentro del abdomen aún caliente de un perro que minutos antes estaba despidiéndose para siempre de sus dueños. Llamadme blanda, pero solo me dan pánico las cosas que no puedo explicar o entender. Y la sucesión de las cosas que van pasando desde que ese animal enferma hasta que yo inspecciono sus órganos internos, tiene algunas lagunas para mí.

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